Después de un largo viaje por un camino lleno de curvas y cuestas, llegamos a la comunidad de Dulce Nombre, en el municipio de Marcala, Honduras. La vida aquí no es sencilla: la mayoría de las familias viven en pobreza, muchas en pobreza extrema. Pero lo que nos recibió no fue la dificultad, sino la calidez de su gente.

Un grupo de mujeres nos recibió con sonrisas y una mesa llena de verduras frescas de sus propios huertos. Se notaba el orgullo en sus rostros. Con entusiasmo contaron lo que han aprendido gracias al acompañamiento de Nery Domínguez de la Asociación Solidaridad, uno de los grupos apoyados por la Fundación Kenoli.

Estas mujeres ahora saben cómo sembrar y cosechar sus propios alimentos, maíz, frijoles, tomates, cebollas, remolachas, zanahorias, convirtiendo las laderas en huertos productivos. Es un trabajo duro, pero ha traído un cambio real. Al tener sus propios cultivos, pueden darles a sus hijos/as comidas nutritivas sin depender de costosos viajes al mercado.

Además, han aprendido a preparar los alimentos de manera que sus hijos/as los disfruten—un paso esencial para mejorar la nutrición familiar. Para las familias cuyos hijos/as antes enfrentaban problemas de desnutrición y bajo peso, este conocimiento ha sido transformador. Con el apoyo de Nery, ahora elaboran cereales nutritivos, bebidas saludables y comidas balanceadas que ayudan a sus hijos/as a recuperar fuerzas.

El pequeño Jordan, en esta foto, estuvo desnutrido y ahora se ha recuperado gracias al programa.

La transformación va más allá de la cocina y el huerto. Los talleres comunitarios sobre género, masculinidades, alcoholismo y violencia doméstica han generado un cambio cultural profundo. Las mujeres compartieron que ahora se sienten empoderadas para alzar su voz, mientras que los hombres están asumiendo cada vez más su papel en el cuidado de los/as hijos/as y las responsabilidades del hogar. Es un cambio poderoso y lleno de esperanza.

Nery (a la izquierda), conversando con madres y padres en la comunidad San Martín

Gracias a la dedicación de Nery y la Asociación Solidaridad, estas comunidades están construyendo más que habilidades: están construyendo resiliencia. Preparadas para enfrentar los desafíos, incluidos los que trae un clima impredecible, las familias se están volviendo más autosuficientes y seguras de su futuro.

En Dulce Nombre y San Martín, la esperanza está echando raíces, ¡y creciendo fuerte!