Durante nuestra reciente visita a La Paz, Honduras, conocimos a un grupo de jóvenes haciendo algo inusual con sus teléfonos: desmontándolos pieza por pieza. En un mundo donde a menudo se critica a los jóvenes por estar pegados a las pantallas, estos estudiantes están aprendiendo cómo funcionan los dispositivos y, lo más importante, cómo la reparación puede convertirse en una fuente de ingresos y oportunidades.

Los/as estudiantes forman parte de un programa de capacitación en reparación de celulares, apoyado por Kenoli y dirigido por el Grupo Juvenil Dion. Mientras que en Norteamérica un teléfono dañado suele reemplazarse de inmediato, en Honduras, donde muchas familias viven con ingresos limitados, repararlo es mucho más accesible que comprar uno nuevo. Esto genera una alta demanda de técnicos capacitados y abre nuevas posibilidades para jóvenes que buscan medios de vida estables.
En un país donde las oportunidades de empleo formal son escasas y aproximadamente el 75% de la población trabajadora se gana la vida en el sector informal, programas como este resultan esenciales. Brindan a los/as participantes habilidades prácticas y comercializables que les permiten generar ingresos, a menudo mediante el autoempleo o pequeños negocios.

El curso reúne a mujeres y hombres de entre 16 y 44 años. Algunos aún cursan la secundaria, mientras que otros nunca pudieron terminar la primaria debido a la distancia, la pobreza o circunstancias familiares. Lo que todos comparten es la determinación y la esperanza de un futuro mejor.

Uno de los estudiantes, Franklin, trabaja como jornalero agrícola y camina 40 minutos cada día para asistir a clases. Su sueño es abrir su propio taller de reparación de celulares. Su compromiso es un recordatorio poderoso de cuánto significan estas oportunidades.
También conocimos a Itamar, madre de cuatro hijos/as, cuya historia demuestra el impacto a largo plazo de estos programas. Ella completó previamente el curso de panadería de Dion. Al graduarse tenía las habilidades, pero no los recursos financieros. Sin activos, ningún banco le ofrecía un préstamo. Gracias a un crédito de bajo interés proporcionado por Dion, pudo comprar un horno profesional y abrir su propio negocio de panadería. En menos de un año, ha construido una microempresa próspera que ya emplea a dos personas más, y comercializa sus productos a través de redes sociales y ferias locales.

Lo que hace especialmente efectivos a los programas de Dion es que van más allá de la formación técnica. Los/as estudiantes también aprenden habilidades de emprendimiento y de vida: cómo iniciar y administrar un negocio, calcular costos, promocionar productos y planificar el crecimiento. Estas herramientas prácticas ayudan a los/as participantes a construir no solo ingresos, sino también confianza e independencia.
Un ingrediente clave en el éxito del programa ha sido la sólida alianza entre Dion, la municipalidad de La Paz y Kenoli. Cada socio contribuye de manera importante para apoyar la capacitación y a los estudiantes. Durante nuestra visita, el alcalde nos recibió calurosamente y expresó su agradecimiento tanto a Dion como a Kenoli por ayudar a crear oportunidades para la gente de su comunidad.

(De izquierda a derecha) Will Aguilar, director de Dion; Ken y Vera de Kenoli; el alcalde de La Paz; Magda y Nely de Kenoli.
Fue gratificante, que nos recordó que el cambio significativo a menudo comienza con oportunidades prácticas, alianzas solidarias y la determinación de personas que simplemente necesitan una oportunidad para salir adelante.