En muchas comunidades rurales y remotas de Nicaragua, las escuelas enfrentan desafíos diarios que van mucho más allá del aula. Con frecuencia faltan necesidades básicas: maestros capacitados, libros, electricidad, agua potable y baños seguros. El acceso a computadoras sigue siendo un sueño lejano, aun cuando la conectividad digital resulta cada vez más esencial en el mundo actual.

Para los/as niños/as que asisten a estas escuelas, las barreras no terminan ahí. La mayoría proviene de familias que viven en pobreza o pobreza extrema, donde las dificultades cotidianas significan llegar a clases con hambre y con pocas fuerzas para concentrarse en aprender.

Sin embargo, frente a estas realidades, algo extraordinario está echando raíces. FEDICAMP, trabaja junto a las comunidades para transformar los desafíos en oportunidades. Durante nuestra visita a tres escuelas del municipio de Pueblo Nuevo, Nicaragua, fuimos testigos del poder de la colaboración. Estudiantes, maestros y padres se unieron para crear huertos escolares, cultivando hortalizas, frutas y plantas medicinales que complementan la alimentación escolar y mejoran la nutrición.

Lo que hace aún más extraordinario este logro es el contexto en el que se alcanzó. Tras siete meses sin lluvia y sin acceso a una fuente de agua en una de las escuelas, cultivar alimentos parecía imposible. Pero la determinación venció. Padres, madres y estudiantes cargaron agua desde casas vecinas y aprendieron técnicas de riego por goteo para aprovechar cada gota. Contra todo pronóstico, los huertos comenzaron a florecer.

La transformación no se detuvo ahí. Las letrinas de las escuelas llevaban años en mal estado, generando serios problemas de saneamiento. Con el apoyo de FEDICAMP, las comunidades se organizaron para construir nuevas letrinas y estaciones de lavado de manos, devolviendo dignidad, salud y seguridad a estudiantes y docentes. Junto a la alcaldesa de Pueblo Nuevo, celebramos este logro con una inauguración llena de orgullo.

Incluso los pequeños detalles marcaron una gran diferencia. Antes, los/as niños/as comían sentados en el suelo bajo el sol abrasador. Estirando al máximo los fondos de Kenoli, FEDICAMP y las escuelas lograron construir sencillas áreas techadas para comer, ofreciendo sombra, comodidad y un gesto de cuidado.

Dondequiera que mirábamos, había orgullo. Orgullo en los huertos, en las nuevas instalaciones y en lo que se había alcanzado juntos. Maestros, estudiantes y padres fueron protagonistas de un cambio significativo y duradero.

No podríamos estar más orgullosos de ellos, y de FEDICAMP, por este trabajo inspirador que está mejorando la vida de los/as  niños/as, una escuela a la vez.